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Los Estados Unidos deben dejar de exportar la obesidad



Revista: Business Week
Tema: Industria de la salud
Fecha: Enero 2013
La buena noticia para algunas empresas norteamericanas es que el mundo entero se está uniendo a la glotonería del estadounidense promedio. Empresas de comida chatarra, así como farmacéuticas que producen medicamentos para tratar la obesidad, se están expandiendo por el mundo. Los reguladores norteamericanos deberían apoyar al mundo en desarrollo a luchar contra la obesidad, en lugar de utilizar las reglas del comercio para promover la expansión de estas empresas.

YUM! Brands, por ejemplo, dueña de KFC, Pizza Hut y Taco Bell, cuenta con 37.000 restaurantes en 120 países. En EEUU, Yum! tiene problemas. Pero en China y en países africanos, venden miles de millones. KFC tiene más de 3 mil locales en China, 3/4 de los que tiene en EEUU. Algo similar ocurre con Starbucks.

Junto con el pollo frito y las malteadas disfrazadas de café vienen la grasa y las calorías. Un almuerzo típico en KFC (pollo, patatas y refresco) puede tener 1040 calorías. Si completa con un café helado Venti con crema de Starbucks, de 700 calorías, habrá consumido la cantidad de calorías diarias recomendadas para una mujer.

Hay un KFC por cada 300 mil chinos, por lo que sería injusto culpar a esa cadena por el creciente problema de obesidad en ese país. Pero la comida chatarra ciertamente es un factor detrás del 45% de hombres y 33% de mujeres con sobrepeso que reporta la Organización Mundial de la Salud. Aunque China sigue muy detrás de EEUU en sobrepeso, ya 90 millones de chinos sufren de diabetes, cuatro veces la cantidad de norteamericanos. Esto crea enormes oportunidades para empresas farmacéuticas; estas esperan un crecimiento de US$3,2 mil millones para el 2016 en el mercado de diabetes en China. Merck es una de las que espera beneficiarse. Algo similar ocurre con otras enfermedades relacionadas con la obesidad, como la hipertensión.

Aunque el sobre-consumo global crea oportunidades considerables para firmas norteamericanas, tanto las que lo facilitan como las que lo mejoran, sería cínico y miope que los reguladores intenten maximizar la obesidad en el extranjero para incrementar las ganancias locales. Desafortunadamente, no escasean los cínicos y miopes entre los reguladores, como lo evidencia la historia comercial de productos del tabaco.

Hasta el momento, los grupos de presión de “la grasa” no han intentado influenciar los tratados internacionales como los del tabaco. Pero sería interesante asegurar que no lo puedan hacer en el futuro. Al igual como se hizo recientemente con el tabaco, deberían aprobarse acciones legislativas y ejecutivas que obliguen a los negociadores de tratados comerciales y diplomáticos a trabajar con las naciones en desarrollo para disminuir la obesidad. Debe prohibírseles también imponer límites al etiquetado de los alimentos, el control de porciones u otro mecanismo de protección de la salud pública.

Un mundo más sano será más productivo, y eso juega mucho más a favor de los intereses a largo plazo de EEUU que vender un poco más de alitas de pollo.




Este es el resumen del artículo "Los Estados Unidos deben dejar de exportar la obesidad" publicado en Enero 2013 en la revista Business Week.

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