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Pronto, en una oficina cercana



Revista: The Economist
Tema: Tecnología
Fecha: Enero 18, 2014
La innovación, o también conocida como el elixir de progreso, siempre les han costado a las personas sus empleos. Durante la Revolución Industrial, los tejedores artesanales fueron hechos a un lado por el telar mecánico. Durante los últimos 30 años, la revolución digital ha desplazado a muchos empleos de habilidades medias que sustentaban la vida de la clase media en el siglo XX. Mecanógrafos, vendedores de boletos, cajeros de banco y muchos empleos de la línea de producción han sido eliminados, al igual que el caso de los tejedores.

Para aquellas personas que creen que el progreso tecnológico ha hecho del mundo un lugar mejor, tales cambios bruscos son parte natural del aumento de la prosperidad. Aunque la innovación ha eliminado algunos puestos de trabajo, ha creado otros nuevos y mejores, mientras una sociedad más productiva se convierte cada vez en una más rica y sus habitantes con mayores fortunas demandan una mayor cantidad de bienes y servicios. Hace cien años atrás, uno de cada tres trabajadores en EUA estaba empleado en una granja. En la actualidad, menos del 2% de ellas produce una cantidad mucho mayor de alimentos. Los millones de trabajadores liberados de la tierra no pasaron a la cesantía, pero han encontrado empleos mejores remunerados mientras la economía se hizo más sofisticada. Hoy en día, la cantidad de secretarias ha disminuido, aunque cada vez hay más programadores y diseñadores de páginas web.

El optimismo sigue siendo el mejor punto de partida, pero para los trabajadores los efectos perturbadores de la tecnología pueden hacerlos más evidentes de una forma más rápida que sus beneficios. Incluso si surgen nuevos puestos de trabajo y productos maravillosos, las diferencias en materia de ingresos se ampliará en el corto plazo, causando así enormes trastornos sociales y tal vez incluso cambiando la política de los países. El impacto de la tecnología se sentirá como un tornado, golpeando al mundo desarrollado en primer lugar, pero a la larga afectará a los países más pobres. Ningún gobierno está preparado para ello.

Hasta ahora los trabajos más vulnerables a las máquinas han sido los que tienen que ver con la rutina y las tareas repetitivas. Pero gracias al aumento exponencial del poder de procesamiento y la ubicuidad de la información digitalizada (también conocida como "big data"), los computadores son cada vez más capaces de realizar tareas complejas de una forma más barata y eficaz que las personas. Los robots industriales inteligentes pueden rápidamente "aprender" un conjunto de acciones humanas. Los servicios pueden ser aún más vulnerables. Los computadores ya pueden detectar intrusos en un circuito cerrado de imagen de una manera más fiable que los humanos. Al comparar montones de datos financieros o biométricos, éstos a menudo pueden diagnosticar fraudes o enfermedades con más precisión que cualquier número de contadores o de médicos. Un estudio reciente realizado por académicos de la Universidad de Oxford sugiere que el 47% de los puestos de trabajo en la actualidad podrían ser automatizados en las próximas dos décadas.

Al mismo tiempo, la revolución digital se encuentra transformando el proceso de la innovación. El número de emprendimientos digitales ha estallado gracias al código listo para usar extraído de Internet y a las plataformas que alojan servicios (como la "cloud computing" de Amazon), gestionan la distribución (la app store de Apple) y ofrecen ventajas de marketing (Facebook). Al igual que los diseñadores de videojuegos inventaron un producto que la humanidad nunca supo que necesitaría pero que ahora no puede prescindir de éste, estas empresas no dudarán en soñar con nuevos bienes y servicios que emplearán a millones de personas. Pero por ahora, ellas se encuentran singularmente ligeras de mano de obra. Cuando Instagram, un popular sitio para compartir fotos, fue vendida a Facebook por alrededor de US$ 1 mil millones en 2012, ésta contaba con 30 millones de clientes y tan sólo 13 empleados. Kodak, que se declaró en bancarrota hace unos meses, empleó a 145.000 personas durante su apogeo.

El problema ahora es uno de tiempo así como casi cualquier cosa. Google ahora emplea a 46.000 personas. Pero se requiere de muchos años para que las industrias nuevas crezcan, mientras el trastorno que causan los emprendimientos a las empresas titulares se siente antes. Airbnb puede proporcionarles a los propietarios de viviendas habitaciones extras para ser alquiladas a empresarios, pero esto constituye una amenaza directa al segmento inferior del negocio de la hotelería –el cual se considera una gran fuente de empleo.




Este es el resumen del artículo "Pronto, en una oficina cercana" publicado en Enero 18, 2014 en la revista The Economist.

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