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Luchar contra el exceso de peso



Revista: The Economist
Tema: Empresas
Fecha:
Considerada por un accionista descontento “uno de los más extraordinarios centros corporativos de EUA”, la sede de la PepsiCo, que se alza entre lagos y fuentes en 100 acres de Westchester County, New York, muestra siete edificios de oficinas de tres pisos diseñados en los 1960 por un arquitecto modernista. Su máxima joya son los Jardines Esculturales Donald M. Kendall, con obras de artistas como Alexander Calder, Henry Moore y Auguste Rodin, destinados a crear una atmósfera de “estabilidad, creatividad y experimentación”. Hace dos años, la PepsiCo comenzó una modernización de US$ 243 millones para dar lugar a más personal y “crear un ambiente de trabajo más colaborativo e innovador”, pero algunos piensan que los accionistas estarían mejor servidos si lo vendieran y eliminaran muchos de los 1100 trabajadores, como parte de una estrategia de un más amplio recorte de costos e impulso a la productividad que haga que PepsiCo se divida en dos.

Pero la PepsiCo no está sola en esto. La Coca-Cola, que está gastando US$ 100 millones en modernizar su sede en Atlanta, tiene gastos fijos que son del 30% de las ventas (PepsiCo tiene 32%). La tasa de gastos fijos de Procter & Gamble es mucho más alta que la de su archirrival Unilever; lo mismo la de Estée Lauder comparada con la de L’Oréal. Es duro pensar en muchas grandes compañías que no pueden beneficiarse con darle una mirada a la ligera a sus gastos fijos. Una, quizás, es Mars, un negocio familiar de pastelería con una pequeña y frugal sede en la Virginia suburbana. Otra es Berkshire Hathaway, cuya última adquisición, Heinz, fue hecha en asociación con 3G, una firma de capital de riesgo brasileña privada cuyo jefe, Jorge Paulo Lemann, tiene pasión ahorrar costos. Heinz ya ha tenido una ronda completa de recortes con Peltz, que también aplicará su enfoque de “presupuesto en base a cero”, en el que todos los gastos deben ser justificados ante la tendencia principal cada año.

Existen muchas razones por las que los negocios varían en qué funciones son centralizadas, y en cuántas personas y recursos se necesitan en la oficina central. Pero hay evidencia de que las compañías han aumentado de peso en los últimos años. Un estudio analiza las oficinas centrales de 761 grandes compañías de Europa y EUA entre 2007 y 2010. Al final del periodo, una cuarta parte tenía una plantilla de más de 600 en la sede, y el otro cuarto, menos de 63. Dos tercios dijeron haber tenido cambios significativos en el periodo, generalmente fortaleciendo el control centralizado sobre sus divisiones. Un 44% había aumentado su personal en la sede, y solo el 28% había hecho recortes. Todo esto al inicio de la crisis financiera, cuando las compañías se estaban esforzando para proteger sus márgenes de ganancias recortando empleos en todas partes de la fuerza de trabajo.

La cruzada por compañías más ligeras y enfocadas, que empezó en los 80, perdió fuerza con el cambio de siglo. La globalización implicaba más operaciones lejanas que manejar; y comenzando con la ley Sarbanes-Oxley de 2002, la liberalización dio lugar a un peso regulatorio creciente, que trajo un mayor cumplimiento operacional de las oficinas centrales. Eventos desde el terror por los ataques del 11 de septiembre de 2001, hasta la crisis financiera, hicieron a los jefes ver el mundo cada vez más complicado e incierto, y reaccionar como confesó haberlo hecho Jeffrey Immelt, de GE, “intentando manejar la volatilidad a través de estratos y fiscalizadores, contrarrestando la complejidad con complejidad...”. El resultado: una estructura de costos superior, un sentido artificial de manejo del riesgo y un aislamiento de su gente del calor del mercado. Ahora GE ha lanzado una nueva estrategia de simplificación, para recortar los gastos fijos a un 12% de las ventas desde un 16%, incluyendo una reducción del 45% en el costo de la sede corporativa para el 2016. Otros jefes serían más listos en hacer lo mismo o en esperar tener a Peltz y sus colegas activistas en su caso.




Este es el resumen del artículo "Luchar contra el exceso de peso" publicado en en la revista The Economist.

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