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Una elección personal



Caminantes; jineteras; cabinas telefónicas cubiertas de imágenes de senos y glúteos: las meras partículas de la prostitución es tan solo uno de los motivos por el que los gobiernos han buscado prohibir la práctica de este oficio por mucho tiempo, o restringirlo a burdeles autorizados o las llamadas "zonas de tolerancia". Los miembros de movimientos NIMBY hacen causa común con los puritanos, quienes piensan que las mujeres vendiendo sexo son pecadoras, y los bien intencionados, quienes piensan que éstas son unas víctimas. La realidad es mucho más matizada. Algunas prostitutas de hecho sufren del tráfico, de la explotación y de la violencia; sus abusadores deberían terminar en la cárcel por sus crímenes. Pero para muchos, tanto hombres como mujeres, el trabajo sexual es solo eso: trabajo.

A este periódico (El Economista) no le parece plausible que todas las prostitutas sean víctimas. Esa ficción es cada vez más difícil de sostener, así como gran parte de la compra y venta de sexo que se mueve en línea. Los sitios web personales significan que las prostitutas pueden promocionarse y construir sus propias marcas. Por primera vez las reseñas de los sitios traen un feedback confiable de esta actividad comercial sexual por parte de los clientes. El cambio hace que parezca más y más como una industria de servicios normal.

Los moralizadores van a lamentar este cambio en línea porque esto hará que el comercio del sexo crezca fuertemente. A los compradores y vendedores les parecerá más fácil el encuentro y hacer negociaciones. Nuevos proveedores entrarán en una práctica comercial que es cada vez más segura y menos despreciable. Los nuevos clientes le llegarán a las prostitutas, ya que éstos podrán encontrar con mayor facilidad exactamente los servicios que desean y confirmar su calidad. Los proxenetas y madamas de burdel deberían ponerse a temblar también. La Internet les socavará su poder de creación de mercado.

Pero todos los demás deberían alegrarse. El sexo arreglado en línea y vendido desde un apartamento o una habitación de hotel es menos molesto para los terceros que los mismos burdeles o zonas de prostitución. Por encima de todo, la web hará más para que la prostitución sea más segura que cualquier ley lo haya hecho anteriormente. Los proxenetas serán menos propensos a abusar si las prostitutas tienen una ruta alternativa al mercado. Los sitios especializados permitirán que los compradores y vendedores evalúen los riesgos con mayor precisión. Las aplicaciones y sitios web que están surgiendo les permitirán a cada uno confirmar sus respectivas identidades e intercambiar resultados verificados de exámenes de salud sexual. Proyectos como el Ugly Mugs de Gran Bretaña permiten que las prostitutas hagan circular en línea los detalles de clientes a evitar.

Los gobiernos deberían aprovechar el momento para replantear sus políticas. La prohibición, ya sea total o parcial, ha sido un fallo previsible. Ésta no ha podido acabar con el comercio sexual. Aunque la prostitución sea ilegal en todo EUA, a excepción del estado de Nevada, viejas cifras colocan su valor en US$ 14 mil millones anualmente a nivel nacional; sin duda una subestimación del mismo. Cálculos más recientes en Gran Bretaña, donde la prostitución es legal pero no el proxenetismo y los prostíbulos, sugieren que al incluirlo aumentaría las cifras del PIB en al menos 5,3 mil millones de libras (US$ 8,9 mil millones). Y la prohibición tiene resultados inquietantes. La violencia contra las prostitutas queda impune porque es poco probable que las víctimas que viven al margen de la sociedad busquen justicia, o la obtengan. El problema del turismo sexual abunda en países como Holanda y Alemania, donde la parte jurídica de la industria es estrictamente delimitada y altamente visible.

La prostitución se está moviendo en la Internet así les guste o no a los gobiernos. Si tratan de meterse en el camino del cambio lo que harán es daño. De hecho, la meta poco realista de poner fin al comercio del sexo distrae a las autoridades de los genuinos horrores de la esclavitud moderna (que muchos activistas combinan con la inmigración ilegal con el objetivo de vender sexo) y la prostitución infantil (mejor descrita como dinero cambiando de manos para facilitar la violación de un niño). Los gobiernos deberían centrarse en prevenir y sancionar estos crímenes –y dejar que los adultos compren y vendan sexo de manera segura y privada en línea.




Este es el resumen del artículo "Una elección personal" publicado en en la revista The Economist.

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