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El negocio del negocio



Revista: The Economist
Tema: Tendencias y futuro
Fecha:
Durante décadas, conservadores y progresistas han discutido sobre el propósito de una empresa: es maximizar el valor de los accionistas (conservadores) o perseguir fines sociales más amplios. En el 2000, justo cuando los conservadores estaban ganando la batalla, varias empresas que maximizaban el valor de los accionistas, como Enron y WorldCom, se vinieron a pique.

Los conservadores argumentan que unas manzanas podridas no deben afectar toda la cosecha. Pero lo cierto es que el modelo de maximización del valor de los accionistas tiene varios problemas conceptuales y prácticos. Por ejemplo, favorece la búsqueda de ganancias a corto plazo, los accionistas no son un grupo homogéneo, etc.

Con los conservadores a la defensiva, los progresistas están aprovechando. Por ejemplo, un nuevo libro de Will Hutton, columnista británico, propone que las empresas deberían estar obligadas a declarar su intención al ser creadas: proveer determinado producto o servicio que sirva a una necesidad de la economía o de la sociedad.

Suena muy bonito, pero… ¿quién decidirá si una nueva empresa probablemente sirva al bien público? ¿Habría un comité que interrogue a los jóvenes desarrolladores de Apps sobre los beneficios sociales de su creación? Y ¿qué pasaría con las empresas extranjeras que no deban cumplir con el requerimiento?

El secreto del éxito de las empresas modernas es precisamente su organización libre de restricciones. Hasta el siglo IXX, las empresas estaban obligadas a tener un propósito público (usualmente, dominio imperial). Pero poco a poco se fueron eliminando las restricciones, y se permitió crearlas con el único propósito de hacer negocios. Este simple acto de liberalización fue un factor fundamental en la creación de la economía moderna. La apertura les permite evolucionar. Los nuevos emprendimientos tienen propósitos muy distintos a los negocios maduros.

A diferencia de lo que piensan los progresistas, la mayoría de las empresas no son esclavas del precio de sus acciones. Suelen tener un proceso constante de negociación entre gerentes e inversionistas sobre estrategia y horizontes temporales. Las empresas maduras suelen invertir a largo plazo. Las empresas de la nueva economía (Google, Facebook, Amazon) no tienen dificultad para convencer a sus inversionistas de sacrificar ganancias a corto plazo a cambio de beneficios a largo plazo.

Que una empresa no deba declarar un propósito noble para disfrutar de privilegios no es un error, es una cualidad beneficiosa. Es la característica fundamental de la empresa moderna. Si se cambia, podría sucumbir toda la maquinaria.




Este es el resumen del artículo "El negocio del negocio" publicado en en la revista The Economist.

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