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Corriente eterna



Decir que Sudamérica vive en el pasado de Europa o EUA con seguridad no escandalizará a nadie. Otra cosa es afirmar que vivimos en el pasado del Norte de África. Pero es cierto, porque –si de interconexión eléctrica se trata– nuestro subcontinente es una criatura de Frankenstein con párkinson: cada mercado opera como si los otros no existieran por la falta de una red eléctrica en común.

No es por falta de visión. Hace medio siglo, la necesidad de dar vida a un mercado eléctrico integrado estaba tan clara que, en 1965, comenzó a operar con ese fin la Comisión de Integración Energética Regional (CIER). Había sido fundada un año antes por los entusiastas Argentina, Brasil, Bolivia, Chile, Paraguay y Uruguay. Las convulsiones políticas, el nacionalismo de las muchas dictaduras y el cortoplacismo de siempre llevaron a que perdiera toda relevancia.

Sin embargo, los vientos están cambiando. Los líderes son los países de la Comunidad Andina (CAN) y Chile, quienes, hace años, trabajan en la Iniciativa del Sistema de Interconexión Eléctrica Andina (Sinea), labor que se apresta a dar frutos. “Para lograr una integración de los países, los esfuerzos se han puesto en la discusión de los temas regulatorios, con el fin de encontrar un marco que permita crear un mercado eléctrico regional, y para ello se ha propuesto que este mercado comience a operar en forma gradual, entre Colombia, Ecuador y Perú”, dice Paula Estévez Weinstein, jefa de la Unidad Internacional del Ministerio de Energía de Chile, y agrega que “una vez acordado un marco regulatorio para la operación de un mercado regional, debiese interconectarse Chile y Bolivia”.

Chile parece ser el cliente más obvio. La entrada de electricidad peruana sería pura ganancia para las grandes operaciones mineras de su desértica zona fronteriza con el Perú. De hecho el país ni siquiera tiene un sistema unificado: sus minas se encuentran aisladas de la red de la zona centro­sur (SIC) y operan en un sistema ­isla, el SING. No por mucho tiempo más, claro: con casi dos décadas de atraso, ya comenzó a construirse la conexión intranacional. Esto último no irá en detrimento de una conexión con el Perú, ya que este último consume los antes citados 6.000 mW, mientras que Chile consume 16.000. Para los analistas peruanos, dado que la energía peruana es tres veces menor por lo menos, cuando el norte de la nación andina austral se conecte con el resto de Chile, los generadores peruanos podrían vender al resto de ese país.

Por su parte, Estévez ve distinto el tema del potencial de la interconexión. La realidad indica que en este momento “el consumo promedio del Sistema Interconectado del Norte Grande (SING) es de aproximadamente unos 2.300 mW y la capacidad instalada del sistema es de aproximadamente 4.800 mW”. Por ello, y considerando el gran potencial solar de la zona norte de Chile, hoy los precios de energía del SING son relativamente competitivos, si se considera que podría ingresar una gran cantidad de proyectos solares en los próximos años. Por lo anterior, el diferencial de precios entre el SEIN y SING no es tan alta”. Sin embargo –puntualiza– “el escenario de análisis cambia si se considera la cercana interconexión del SIC con el SING, porque bajo esa hipótesis los diferenciales de precios sí son importantes”.

Más al norte, Colombia se encuentra reforzando su red existente para poder potenciar la interconexión eléctrica con Ecuador. Ello porque en 2019 se espera la entrada en operación de una gran proyecto de generación (Ituango). También revivió el proyecto de interconexión con Panamá. Acordado formalmente en 2003, recién a principios de 2012 se anunciaba que la línea de transmisión con capacidad de 400 mW estaría operativa en 2014. En agosto de ese mismo año se suspendía por falta de financiamiento. No aparecían por ninguna parte los US$ 450 millones necesarios para hacerla. Irónicamente justo en el momento en que la región era inundada por el flujo de capital debido a la hiperliquidez global. Solo en julio de 2014, el proyecto se relanzó; se estima que recién en 2019 estarán terminados sus 600 kilómetros.

¿Ventajas? Colombia podría vender electricidad a la dinámica economía de Panamá y abastecer a los países de Centroamérica cada vez más afectados por las sequías intermitentes. En especial cuando el petróleo vuelva a subir y muchas centrales térmicas se hagan menos rentables. Desde Panamá es posible unir el futuro sistema regional (o el de Sinea) al Sistema de Interconexión Eléctrica Centroamericana (Siepac), que une los sistemas eléctricos centroamericanos. Lo hace usando una línea de transmisión de 300 megavatios, de 1.790 kilómetros, el cual va desde el país del istmo a Guatemala, conformando un mercado eléctrico unificado.




Este es el resumen del artículo "Corriente eterna" publicado en en la revista América Economía.

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