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La muerte del dinosaurio



Revista: América Economía
Tema: Industria de energía y petróleo
Fecha: Diciembre 2003
Autor(es): Laura Suárez Samper
La mexicana Pemex, la séptima compañía petrolera del mundo, agoniza. Sus reservas se agotan, las inversiones se desinflan y sus finanzas son exprimidas por la necesidad de recursos del Estado.

La organización se escuda en una cláusula constitucional anticuada que impide la inversión privada en la compañía. Aunque las voces que exigen la privatización de Pemex ahora se manifiestan con más fuerza, la política decidirá finalmente. Las reservas de Pemex, el mejor indicador de futuro para una petrolera, sólo alcanzarían para 13 años al actual ritmo de explotación. El grueso de sus yacimientos en explotación está en plena declinación. Además la petrolera envía el 61% de sus ingresos al fisco, lo que supone que hasta que México no alumbre una reforma fiscal racional que le permita recaudar más del 11% del PIB, el Estado no soltará a Pemex. Al respecto, el nuevo intento de modernización tributaria del presidente Vicente Fox está a punto de fracasar en el Congreso.

Este año, la producción de crudo de Pemex llegará a 3,4 millones de barriles diarios, un 7% más que en 2002, no obstante su balance acabó con un rojo de US$ 739 millones, pues, además de cubrir costos, envió al fisco más de US$ 25.000 millones. A esto se suma la escasa competitividad. Su productividad llegó últimamente a 87 barriles diarios por empleado, una cifra pobre comparada Shell o British Petroleum. Obligada a invertir, Pemex llevó su pasivo en 2002 a más de US$ 54.000 millones, un 37% más que el año precedente. Como resultado, su patrimonio se contrajo un 18%.

Muñoz Leos, director de Pemex, tiene una tarea ciclópea para hacer funcionar a la empresa. Está acorralado por la politización en torno a las decisiones. La petrolera tiene todavía un significado muy atado a conceptos como la soberanía y el nacionalismo. Por eso la única ventana que ha conseguido para la inversión privada son los Contratos de Servicios Múltiples (CSM) de exploración y producción en los yacimientos de gas natural de la cuenca de Burgos, una de las más grandes del país. Los CSM darían a México inversiones privadas por unos US$ 8.000 millones y aumentarían la producción de gas natural en 1.000 millones de pies cúbicos diarios en tres años. Sin embargo, aunque ya licitó seis bloques, Pemex debió declarar desiertos dos. Los contratos no terminan de seducir porque la Constitución mexicana considera propiedad del Estado todo lo que se halle en el subsuelo del país, y eso inhabilita a las petroleras privadas a registrar las reservas como propias. Por eso compañías como Grupo Total y Exxon Mobil no participan en el negocio.

Al final, los CSM muestran con claridad el estado de cosas: Pemex hace lo que puede. Es el terreno del posibilismo, que sólo permite pensar en una supervivencia menguante. Pemex ya perdió la carrera para ser una megapetrolera internacional. Ahora sólo le resta esperar que el tiempo la sentencie como a un dinosaurio.




Este es el resumen del artículo "La muerte del dinosaurio" publicado en Diciembre 2003 en la revista América Economía.

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