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¿Necesitan cerebro los economistas?



Revista: The Economist
Tema: Economía
Fecha: Julio 27, 2008
Es cierto lo que dicen que todo está en nuestra cabeza, incluso el hecho de tomar decisiones acertadas en el aspecto económico. Así lo demostró Joseph LeDoux, quien una vez fuera integrante de la banda de rock The Amygdaloids y en el presente se desempeña como profesor de neurociencia en la Universidad de Nueva York, con su libro The Emotional Brain: The Mysterious Underpinnings of Emotional Life (El Cerebro Emocional: Los Misteriosos Cimientos de la Vida Emocional) publicado en el año 1996 y que además inspiró a la creación de una de las más activas y controversiales áreas de la investigación económica: la neuroeconomía.

Esta publicación abrió los ojos de toda una generación de economistas académicos cuando estudios del cerebro que utilizan técnicas recién desarrolladas como resonancias magnéticas, demostraron que pequeños pedazos de materia gris están íntimamente relacionados con diferentes clases de actividades asociadas a la parte emocional y de toma de decisiones del ser humano.

Estos economistas, convertidos ahora en neuroeconomistas, vieron que es posible trasladar la especialidad contable de su tradicional modelo simplificado (que es racional y que actúa bajo sus propios intereses) a uno de utilidad (que maximice la toma de decisiones). Para esto, se hicieron estudios utilizando el llamado "juego del ultimátum" en donde un jugador le propone a otro dividir una determinada cantidad de dinero entre ambas partes. El otro jugador deberá aceptar la oferta o de lo contrario es dejado sin un centavo.

De acuerdo a la teoría tradicional de principios económicos, la propuesta será siempre aceptada por el segundo jugador cuando el primero le ofrezca cualquier cantidad de dinero, ya que éste preferirá algo a quedarse sin nada. No obstante, economistas de corriente conductista demostraron en experimentos que el segundo jugador rechazó con frecuencia ofertas con poco dinero –tal vez, sugirieron ellos, fue debido a que éste quiso castigar al primero por proponerle una división un tanto injusta.

Al igual que el juego del ultimátum, los neuroeconomistas han enfocado su atención en tópicos como las razones que tiene la gente para confiar unas en las otras, la relativa valuación de costos y beneficios a corto y largo plazo, comportamiento altruista o caritativo y la adicción. Ellos alegan que segregaciones de dopamina, el químico que provee de sensaciones placenteras al cerebro, podrían indicar algún tipo de utilidad económica o valor.

En la actualidad, la neurociencia está dando grandes esperanzas a varios economistas como a Herbert Gintis del Santa Fe Institute de EUA, quien resalta que nuevos descubrimientos en esta especialidad ayudará a integrar todas las ciencias conductistas (economía, psicología, antropología, sociología, ciencias políticas y biología relacionada con comportamiento humano y animal) en torno a un modelo común y basado en lo cerebral de cómo las personas se las ingenian para tomar buenas decisiones.




Este es el resumen del artículo "¿Necesitan cerebro los economistas?" publicado en Julio 27, 2008 en la revista The Economist.

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