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Raul Alfonsín: un demócrata argentino



Revista: The Economist
Tema: Negocios en Argentina
Fecha: Abril 4, 2009
Quizás fue el único líder político argentino en tiempos recientes que mereciera ser llamado un hombre de Estado. Raúl Alfonsín, un abogado y político radical de por vida quien muriera un 31 de marzo a los 82 años de edad, fue justificablemente visto como el padre del periodo democrático actual de su país. Su victoria en una elección presidencial en 1983 no solo marcó el final de la dictadura militar más cruel, durante la cual 9.000 argentinos “desaparecieron”; además marcó la primera vez en que el movimiento Peronista fue derrotado en una elección libre.

El Sr. Alfonsín fue ampliamente alabado por poner a juicio a los dictadores (algunos pararon tras las rejas) y además por alistar una comisión de la verdad por la violencia política y represión de los años 70. Ayudó a desacreditar a los generales tras la humillación de Argentina en las Islas Malvinas. Pero luego de varios intentos de golpe de estado, el Sr. Alfonsín sintió que no tenía más opción que poner un alto a más juicios. Eso fue en parte debido a que él había sido debilitado por su maltrato a la economía. Un populista chapado a la antigua, él no fue capaz de entender que se necesitaba una reforma drástica. Cuando la hiperinflación culminó en desorden y caos, el renunció a su puesto cinco meses antes de culminar su término presidencial.

Su sucesor, Carlos Menem, un Peronista, llevaría a cabo las reformas de libre mercado en las que él se había abstenido. En conversaciones secretas mal juzgadas, el Sr. Alfonsín negoció reformas políticas a cambio de una transformación constitucional que permitiera al Sr. Menem postularse por un segundo término. Pero quizá el peor error del Sr. Alfonsín luego de abandonar su puesto fuera no haber permitido a otros asumir el mando de su partido. Su intrusión debilitó la presidencia de otro radical, Fernando de la Rúa, quien tampoco concluyera su mandato cuando la economía colapsó en 2001. Aunque los Radicales perdieron vitalidad y se quebrantaron a su alrededor, él permaneció como su líder.

Hubo, sin embargo, una decencia sobre el Sr. Alfonsín que lo marcara. Él creía en las instituciones. Fue el único mandatario reciente en no llenar a la Corte Suprema con amigos. Él no era corrupto. Cuando falleció, el fue alabado a lo largo del espectro. Su idealismo democrático parece haber llegado a una generación demasiado joven para recordar su presidencia. Miles de argentinos comunes esperaron con flores y lagrimas para rendirle honor a su cuerpo que yace en el edificio del Congreso. Él tuvo muchas fallas, pero sus virtudes son extrañadas en demasía por su país en zozobra.




Este es el resumen del artículo "Raul Alfonsín: un demócrata argentino" publicado en Abril 4, 2009 en la revista The Economist.

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