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No hay donde esconderse



Revista: The Economist
Tema: Inversiones
Fecha: Octubre 15, 2011
La mayoría de los economistas y ahorristas se reprochan su profundo miedo a invertir su dinero y así buscar una forma de estimular la economía, pues el futuro se presenta sumamente incierto. No es para menos, los inversores diariamente son bombardeados con noticias sobre las operaciones de rescate a instituciones bancarias, la crisis de la deuda soberana y la posibilidad de otra recesión.

Dada la escala de riesgos, los inversores no reciben mucho a cambio por sus ahorros, pues la mayoría de las tasas de interés de los países en desarrollo se ubican en 1,5% o por debajo de este número. El peligro que corren los ahorristas no gira en torno sólo a los pobres rendimientos, sino también a los duros golpes que implica la recesión para su riqueza.

Con certeza, las decisiones de muchos inversionistas sobre dónde dirigir su dinero dependerán de la evolución de la crisis. Los más esperanzados creen que las autoridades tomarán las riendas del asunto: 1) estabilizarán la crisis de la deuda soberana europea, 2) guiarán las economías desarrolladas hacia un ritmo de crecimiento anual ubicado entre el 2% y 3%, 3) diseñarán planes realistas para reducir la deuda estatal a mediano plazo.

No obstante, otros, un poco más incrédulos, vislumbran varios escenarios un poco diferentes. Una de las posibilidades radica en que los países desarrollados desinflen su deuda con mayores dosis de inyección de capital, pero esto podría traer consigo un aumento de la inflación, como ocurrió en el pasado, lo que sugiere a los inversores que deben apostar su dinero en el oro. Por el contrario, la mayoría de los economistas consideran que la tasa de inflación descenderá a la par de la desaceleración económica. Una segunda situación podría ser que las autoridades europeas cometan el error de permitirle a Grecia que se atrase en los pagos que le corresponde, sin haberle ofrecido el apoyo adecuado a los bancos de la región o proteger del daño colateral a economías más grandes, tales como Italia o España, lo que podría traer como consecuencia una fuerte caída del PIB europeo y, por ende, efectos secundarios en el resto de los países ricos. El tercer caso es que la recesión continúe y las tasas de crecimiento se ralenticen, lo que impediría que los países desarrollados paguen sus deudas. Ante esta circunstancia, muchos sugieren invertir en letras del Tesoro, pues ofrecen rendimientos positivos siempre y cuando la tasa de inflación se mantenga estable.

La compra de acciones, por otra parte, resulta una buena opción contra la inflación; de hecho, las acciones europeas se están mostrando más atractivas que las estadounidenses por su coste menor. Si los mercados siguen cayendo, la compra de acciones, en especial las de empresas asiáticas, se convertirán en un buen negocio para el próximo año. Sin embargo, por el momento, uno de los mejores refugios para el dinero consiste en invertir en bonos corporativos.




Este es el resumen del artículo "No hay donde esconderse" publicado en Octubre 15, 2011 en la revista The Economist.

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